"Tía Anna murió con dieciséis años de una neumonía que no fue posible curar porque la enfermedad le había roto el corazón y aún no se había descubierto la penicilina. Su muerte ocurrió un día de julio al al anochecer y un instante después, cuando Bertha -la hermana menor de Anna- se precipitó llorando al jardín, se dio cuenta de que con el último estertor de Anna todas las grosellas rojas se habían vuelto blancas."
lunes, 24 de marzo de 2014
El sabor de las pepitas de manzana
Sinceramente y sin querer faltar al respeto a Katharina Hagena, El sabor de las pepitas de manzana me ha resultado una castaña. Típica historia de casa heredada y recuerdos de los padres y abuelos con un tinte romántico meloso previsible y aburrido. He estado a punto de abandonarlo a medias, pero aunque mi hermana mayor me dice siempre que si algún libro no nos gusta es mejor dejarlo, que la vida es muy corta, odio el regusto a fracaso que me deja hacerlo…
"Tía Anna murió con dieciséis años de una neumonía que no fue posible curar porque la enfermedad le había roto el corazón y aún no se había descubierto la penicilina. Su muerte ocurrió un día de julio al al anochecer y un instante después, cuando Bertha -la hermana menor de Anna- se precipitó llorando al jardín, se dio cuenta de que con el último estertor de Anna todas las grosellas rojas se habían vuelto blancas."
"Tía Anna murió con dieciséis años de una neumonía que no fue posible curar porque la enfermedad le había roto el corazón y aún no se había descubierto la penicilina. Su muerte ocurrió un día de julio al al anochecer y un instante después, cuando Bertha -la hermana menor de Anna- se precipitó llorando al jardín, se dio cuenta de que con el último estertor de Anna todas las grosellas rojas se habían vuelto blancas."
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